Gobernanza en sostenibilidad y clima: cómo las IFRS S1 y S2 están impulsando el tema

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La creciente incorporación de temas de sostenibilidad y clima a la agenda corporativa está transformando no solo lo que las empresas reportan, sino, sobre todo, cómo toman decisiones. En este contexto, la consolidación de las normas IFRS S1 y S2 representa un avance importante al establecer un nuevo nivel para la divulgación de información financiera relacionada, con un enfoque en los inversionistas.

Más que un estímulo a la transparencia, las normas exploran la capacidad real de las empresas para establecer conexiones entre sus temas financieramente relevantes, su gestión de riesgos y oportunidades y la estrategia del negocio. Esto apunta a la necesidad de una gobernanza estructurada, que sea capaz de sostener y potenciar, en la práctica, la agenda.

De la estructura a la efectividad: lo que las normas exigen

En Brasil, las prácticas ESG han avanzado de manera significativa en los últimos años. En consecuencia, la mayoría de las grandes empresas, especialmente las que cotizan en bolsa, ya incorporan el tema en sus informes y cuentan con estructuras formales de gobernanza, como comités y atribuciones a nivel del consejo.

Sin embargo, la madurez de estas estructuras sigue siendo desigual. Un estudio realizado por el IBGC¹ en 2025 demuestra que, aunque muchas empresas ya informan de algún nivel de gobernanza en materia de sostenibilidad y clima, todavía hay poca transparencia sobre cómo esta supervisión influye en acciones concretas. A modo de ejemplo, solo el 41 % de las empresas divulga públicamente los procesos para la consolidación de sus matrices de riesgo, incluyendo a los responsables y sus atribuciones. Este porcentaje es aún menor (26 %) cuando se observa la transparencia sobre los impactos de los riesgos y oportunidades en la generación de valor a lo largo del tiempo y su utilización efectiva en la toma de decisiones.

En contraste con este escenario, las normas IFRS S1 y S2 elevan la mirada de la estructura a la ejecución, previendo que la gobernanza, además de implicar la formalización de instancias y directrices, debe basarse en procesos, controles y atribuciones que permitan el debido monitoreo de riesgos y oportunidades y, así, hagan posible la toma de decisiones informadas. La expectativa, por lo tanto, es una gobernanza con capilaridad, que conecte diferentes funciones y niveles organizacionales, garantizando que la estrategia y la operación de la empresa se retroalimenten:

1. A nivel estratégico, las normas esperan que haya una supervisión activa y calificada por parte de los órganos de gobernanza. Las empresas deben especificar qué instancia de la alta dirección (como el Consejo, comités, órgano o individuo) es responsable de supervisar los temas de sostenibilidad y clima, y cómo se dan los flujos de información. Además, deben detallar el papel de la administración en la definición y el seguimiento de las metas, así como en la gestión de riesgos y oportunidades, evidenciando, sobre todo, la relación entre los resultados de estos procesos y la toma de decisiones (por ejemplo, cómo se consideran las compensaciones relacionadas con los riesgos).

    2. Para apoyar a dichos órganos, las normas indican la posible delegación de competencias a los niveles gerenciales, que se encargarán de la ejecución táctica y operativa de la agenda, es decir, de la gestión cotidiana de los riesgos y oportunidades reportados y de los objetivos establecidos. Además de la transparencia sobre las políticas y procedimientos que orientan esta actuación, se analiza el grado de integración con otras áreas, lo que indica que las cuestiones relacionadas con el clima y la sostenibilidad deben abordarse de manera transversal.

      Con el enfoque puesto en garantizar una participación efectiva, las normas también cuestionan cómo los componentes de esta gobernanza evalúan si cuentan con las habilidades necesarias para abordar los temas en cuestión y cuáles son los mecanismos adoptados para asegurar que el conocimiento se desarrolle y actualice continuamente. La capacidad técnica, en este contexto, deja de ser un atributo deseable y pasa a ser un requisito fundamental para que la información sea confiable.

      Por último, entra en escena un elemento impulsor del tema: los incentivos. Las empresas deben informar si su desempeño en materia de sostenibilidad y clima está vinculado a las políticas de remuneración y cómo se lleva a cabo. Más allá de la simple inclusión de indicadores, lo que se evalúa es la capacidad de la remuneración variable para traducir la estrategia ESG en un comportamiento decisorio recurrente, poniendo de manifiesto si esta agenda, de hecho, influye en la forma en que la organización asigna recursos, define prioridades y mide sus propios resultados.

      Parte de estas iniciativas ya se puede observar en el contexto brasileño. La empresa Vale2 , por ejemplo, adopta una estructura de gobernanza multinivel, en la que el Consejo de Administración —con el apoyo de comités de asesoramiento, como el de Sostenibilidad— incorpora riesgos y oportunidades socioambientales en la toma de decisiones estratégicas, incluida la aprobación de recursos y directrices. A nivel ejecutivo, instancias como el Comité Ejecutivo de Riesgos de Sostenibilidad ponen en práctica la agenda, haciendo un seguimiento de temas como el cambio climático, los derechos humanos y la biodiversidad. De manera complementaria, foros técnicos, como el de Bajo Carbono, conectan a e es, especialistas y líderes en la conducción de la estrategia de descarbonización, con informes periódicos al Consejo. La empresa también vincula parte de la remuneración variable de los ejecutivos, tanto a corto como a largo plazo, a metas de reducción de emisiones y a indicadores de desempeño en sostenibilidad.

      Del mismo modo, Lojas Renner3 presenta un modelo de gobernanza integrado, en el que participan el Consejo de Administración, el Comité de Sostenibilidad —que debe informar trimestralmente al Consejo sobre los riesgos— y una dirección dedicada a este tema. Además, la empresa alinea los objetivos ESG con los incentivos de los líderes (directorio, gerencia, coordinación, especialistas y supervisión), con ponderaciones que pueden llegar al 55 %, dependiendo del nivel jerárquico. Este arreglo refuerza el carácter transversal de la agenda y su incorporación en la toma de decisiones cotidianas.

      Entre la exigencia y la práctica: los retos de la implementación

      El cambio de enfoque promovido por las normas —de la mera estructura a la efectividad— impone un nuevo nivel de exigencia a las empresas. Demostrar cómo está diseñada la gobernanza ya no es suficiente; ahora es necesario comprobar cómo opera en la práctica, de manera consistente, integrada y susceptible de verificación externa. Este movimiento tiene implicaciones directas en la forma en que se organizan los rituales, las responsabilidades y los flujos de información. La premisa de la información auditable exige que, además de implementar rutinas y controles sólidos, las empresas produzcan evidencia que respalde la actuación de las instancias involucradas, como políticas, reglamentos y actas de reuniones.

      La exigencia de trazabilidad se refleja en un desafío más amplio: ¿será la propia estructura de gobernanza en materia de sostenibilidad y clima la responsable de garantizar el rigor de las métricas que se divulguen y de coordinar la elaboración de los informes IFRS S1 y S2? En última instancia, informar bien depende directamente de gestionar bien —y de poder demostrarlo—.

      Las normas también refuerzan la importancia de que la información se divulgue de manera concisa y sin duplicaciones. En este sentido, se recomienda que las empresas informen sobre la gobernanza de manera consolidada, en lugar de presentar divulgaciones distintas para cada tema de sostenibilidad y clima, lo que refuerza la relevancia de los arreglos no fragmentados.

      Cabe destacar, por último, que no existen exenciones de transición ni mecanismos de proporcionalidad4 aplicables al ámbito de la gobernanza en S1 y S2. Sin embargo, las normas no prescriben un modelo único que deba adoptarse, correspondiendo a cada empresa definir las estructuras y el nivel de complejidad más adecuados a su contexto. Los requisitos se centran en garantizar la transparencia de las instancias y responsabilidades involucradas, incluso en los casos en que la gobernanza aún se encuentra en proceso de evolución.

      Referencias

      [1] «Informes de sostenibilidad de empresas que cotizan en bolsa: comprensión de las prácticas de divulgación de información«. IBGC, 2025. Disponible en el enlace.

      [2] «Informe de información financiera relacionada con la sostenibilidad conforme a la NIIF S2/CBPS 02«. Vale, 2025. Disponible en el enlace.

      [3] «Informe de información financiera relacionada con la sostenibilidad conforme a la NIIF S2/CBPS 02«. Lojas Renner, 2025. Disponible en el enlace.

      Raissa Urzedo
      Gerente de Estrategia ESG en WayCarbon |  + posts
      Aisha Capanema
      Analista de Sostenibilidad en WayCarbon |  + posts

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